“Quizás la mayor necesidad psicológica, espiritual y medica que toda persona tenga es la necesidad de esperanza” (Billy Graham)

¿Qué hace que te sientas ansioso? ¿Llegar tarde o no estar preparado para tu trabajo o tu cita? ¿Un viaje en avión? ¿Hablar en público? ¿Miedo a perder a un ser querido? ¿Una grave enfermedad o la muerte de un amigo? Las presiones, desde lo más trivial hasta lo más traumático, producen sentimientos de miedo, descontrol y ansiedad.

Yo como tú he experimentado en muchas ocasiones el sentimiento de ansiedad, donde muchas veces la realidad se escapa y le doy mas espacio a lo que mi mente va creando, pero he aprendido a superar esto, con trabajo espiritual, como yo le llamo, porque orando y pidiéndole a Dios que me de paz, ha sido lo único que me ha alejado de la ansiedad.

Recuerdo que cuando era pequeña y me sucedían estos episodios, bastaba con preguntarle a papá para que me diera una solución y ya me quedaba tranquila, pero a medida que fui creciendo sus respuestas ayudaban pero no por completo.

En una ocasión, durante mis primeros años de enamoramiento, estuve 4 días sin poder dormir porque el chico que me gustaba no me llamaba y yo necesitaba saber si el me quería. Fue tanta la ansiedad que tuve que buscar ayuda medica. Llegué a la consulta de un médico, amigo de mi padre y le conté lo que sentía por este chico que me gustaba. Primero me llevé un buen reto porque me dijo que yo no debía rogarle a ningún hombre amor, porque cuando un hombre ama o esta interesado en una mujer, él con sus actos lo demuestra.

El “tio” que a todo esto era psiquiatra , llamó a una de sus enfermeras y le dijo que me inyectara una dosis mínima de un tranquilizante. Me inyectaron a las 10:30 am del día 26 de febrero del año 2010 y desperté a las 19:30 horas del día 27 de febrero, justo el día del último gran terremoto que sucedió en Chile. Si ustedes me preguntan ¿Que pasó? Yo no sentí nada de ese episodio terrenal y me perdí por completo esa experiencia.
La ansiedad me llevó a un estado que jamás en mi vida había experimentado.

Lo más probable es que tu hayas experimentado momentos de ansiedad tan increíbles como el que te conté e incluso mas, pero en lo que debemos trabajar es en que nunca más nos sucedan estos episodios que no edifican en nada nuestra vida emocional ni física.

¿Cuál es tu mayor miedo?

El miedo a la muerte es tal vez el mayor miedo de los seres humanos. Cuando estuve en el colegio, uno de los estudiantes de mi generación murió al ser golpeado por una micro, y un día antes yo había estado compartiendo con el en una clase para líderes. Recuerdo que me pidió un lápiz y una hoja para dibujar una escena que el había visto cuando nos hicieron escuchar un tema musical. Cuando nos enteramos el día lunes, al volver a clases, fue impactante la noticia y todo el colegio quedó anonadado. Algunos preguntaban ¿Qué sentido tiene la vida si puede perderse en un instante y siendo tan joven? y la típica pregunta ¿Si hay vida después de la muerte, si de verdad la hay, cómo podemos experimentarla? Reinó la confusión y la ansiedad toda esa semana.

Si tu no puedes responder a la pregunta, ¿Qué pasará después que uno muere?, puede tornarse este momento muy ansioso.
Pero ¿Cómo se puede encontrar paz en un mundo con tantas preguntas? Yo te invito a considerar una posible solución que envuelve el aspecto espiritual y que yo he usado diariamente para adquirir mi paz.

Cuando mi padre murió me abracé a la fe con todas mis fuerzas, porque sentía que era el único sustento emocional que podía mantenerme con los pies en la tierra, esa disposición trajo paz y tranquilidad a mis pensamiento y acciones, pero luego comprendí que esa decisión de creer en Dios, no era algo solamente espiritual, sino que se veía reflejada en mi realidad física y también social.
Muchas veces los complicados desórdenes psicológicos de los que nos enteramos o que experimentamos, son producto de problemas más básicos como la ansiedad, y de estar desconectados de Él (“pecados”),  porque sabiendo hacer lo bueno no lo hacemos y seguimos metiendo en un saco roto nuestra esperanza creyendo que algún día lo llenaremos.

A todo esto, como he dicho en otras de mis notas, si tu no crees en Dios, no tengo ningún problema en ello, pero como este es mi Blog yo puedo escribir de lo que quiera y por tal motivo exijo el respeto con el que yo siempre me referiré a los que piensan distinto. Aquí podemos debatir, el problema es que cuando alguien esta en desacuerdo no ataca la idea, sino a quien la profesa.

Hoy quiero mostrarte que Jesús, a través de su muerte, tomó nuestro lugar y regresó a la vida para reconectarnos con Dios, pagando la pena que debíamos por nuestros pecados.

Encontrando la paz real

Cuando decides poner tu fe en Dios y pedirle a Jesús que te perdone, comienza un cambio que yo llamo “desde la célula”, porque va expandiéndose hasta hacerse visible en nuestros actos y realidad.
Hasta el momento no sé si les suena a lo típico que han escuchado cientos de veces, pero déjenme decirles que si se deciden a creer mas allá de la realidad se volverán unos locos, pero unos locos con ESPERANZA.

Hoy cada vez que camino por las calles y siento el viento en mi cara, o llego sana a mi casa, incluso cuando me suceden episodios que me ponen tristes, me siento mas viva que nunca, y mi cabeza ya no crea su propia realidad, sino que siendo bien cuerda, analizo la situación y ya está, digo, es lo que debió pasar y agradezco que haya sido en ese preciso momento y dejo de pensar en el tema.

Uno de los primeros discípulos de Jesús escribió a algunos amigos sobre la ayuda divina para la ansiedad: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4: 6-7

La fe en Dios no hace la vida perfecta ni tampoco es una solución automática para la ansiedad, pero te abre un espacio intelectual que puedes usar para razonar y estar tranquilo.
Para mi un buen punto de partida es conectarse con Aquel que nos ama incondicionalmente y sabe que es lo que nos llena, tener conversaciones mas seguidas con el mejor psicólogo de todos y lo mejor de esto es que es ¡GRATIS! y puedes hacerlos desde cualquier lugar, teniendo toda la atención para ti solo y sin adoptar extrañas posiciones, mas que arrodillarte.

Quizás es tiempo de que consideres a Dios para contarle todo lo que te está pasando, como lo hago yo diariamente.


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