EL PODER DE LA CONVICCIÓN

«No hay hombre más atractivo para una mujer que aquel que defiende sus convicciones con valentía»

Cuando te topaste con esta web, seguro pensaste que algo bueno podrías encontrar aquí, así que hiciste ¡clic! en la publicación y comenzaste a leer este texto.
Esa idea de que habría algo aquí es una convicción.

¿QUÉ ES LA CONVICCIÓN?

Desde mi punto de vista, es la seguridad con la que defiendo la idea de que conseguiré aquello que nace de la claridad en mi propósito y que, a través del razonamiento y el trabajo constante, podré lograr mi objetivo.

A continuación, lo explicaré:

1. «Es la seguridad con la que defiendo la idea de que conseguiré aquello que nace de la claridad en mi propósito».
Cuando tienes claro tu camino o misión, puedes avanzar sin miedo. A veces rápido, otras veces lento, con aciertos y fracasos, e incluso enfrentando situaciones que intentarán sacarte del camino a la fuerza. Pero, al conocer el propósito de tu existencia, persistes con valentía.

2. «Y que, a través del razonamiento y el trabajo constante, podré lograr mi objetivo».
Para alcanzar tus metas, no hay varita mágica que te haga subir de escalón. Analizar tu entorno, cultivar tu carácter y contar con las herramientas necesarias para identificar oportunidades te guiará a trabajar constantemente y a descubrir caminos para alcanzar tus objetivos con la convicción de que te llevarán a algo mejor.

Algunas personas definen la convicción como «la seguridad que tiene una persona sobre la verdad de lo que cree, piensa y siente». Pero, ¿qué es la verdad? Ese es un tema que exploraremos en otra nota.


Foto en casco histórico de Santiago de Chile

LAS CONVICCIONES QUE EDIFICAN

Las convicciones que edifican son aquellas ideas que una persona adopta y que siempre le ayudarán a crecer y mejorar, aunque el camino sea difícil.

Podríamos debatir sobre lo que es bueno para algunos y malo para otros, pero esa conversación la podemos dejar para una comida con miembros de nuestra comunidad.

Las convicciones que edifican siempre estarán alineadas con las leyes terrenales y espirituales, pues somos carne y espíritu. Cuando hay equilibrio entre ambas dimensiones, nuestra alma —donde residen nuestras emociones, intelecto y voluntad— juega un papel fundamental, ya que actúa como mediadora para que nos sintamos bien con lo que buscamos, hacemos y conquistamos.

Por ejemplo: ponerle precio a tu trabajo y no permitir que otros cuestionen el valor que asignas a tu experiencia y conocimiento.

LAS CONVICCIONES QUE NO EDIFICAN

Son todo lo contrario a las que edifican. Estas también son abrazadas, pero por quienes no tienen clara su misión en la vida y van de una identidad a otra sin seguridad sobre su camino.

Por eso vemos tantos testimonios de jóvenes que, tras una vida de delincuencia, dicen:
«Yo estaba perdido, pero encontré a Jesús y mi vida cambió. Hoy trabajo, he llegado lejos y me rodeo de personas que me han ayudado a descubrir para qué soy bueno».

Las convicciones que no edifican requieren mayor atención que las que sí lo hacen, pues son las responsables de que muchas personas no se estabilicen emocional ni socialmente. Cuando alguien está perdido, es más susceptible a la manipulación, y sus convicciones fluctúan según sus emociones o la influencia de otras personas.

La convicción es lo que define tu identidad y fortalece tu autoestima. Te da la valentía para decir no cuando algo va en contra de tus principios éticos y morales, y te posiciona en el camino correcto.

Un ejemplo de esto es el caso de Pedro, un abogado con años de experiencia.

Cierto día, tomó un caso y cobró cierta cantidad por su trabajo. Al finalizar, su cliente le dijo que su hermana había consultado a otra persona, quien señaló que faltaban puntos por tratar y que el precio cobrado era elevado.

Pedro, con su experiencia, reflexionó sobre si había pasado algo por alto. Sin embargo, se dio cuenta de que no era así. El problema no estaba en su trabajo, sino en la falta de ética de la persona a la que consultaron, quien sembró dudas en sus clientes.

Pedro sintió molestia, tanto por la desconfianza de sus clientes como por la intervención del desconocido. Pero, al final, comprendió que era parte de la realidad de su profesión y decidió seguir adelante con la convicción de que su trabajo había sido bien hecho.

Este es un ejemplo de buena convicción. Pedro pudo haberse cuestionado excesivamente si hizo algo mal solo porque un desconocido sembró desconfianza en sus clientes. Sin embargo, prefirió dejar el tema atrás, pues el problema no era su convicción, sino la de los demás.


Así que, estimados lectores, mantener firmes sus convicciones es primordial. Deben estar atentos, pues las circunstancias de la vida en cualquier momento soplarán con fuerza para intentar sacarlos de su seguridad. Es en esos momentos cuando deben luchar.

Y si tienen alguna mala convicción, es necesario mejorarla y desarrollar la capacidad intelectual y la humildad para reconocer que el camino no va por ahí, tal como el desconocido que cuestionó el trabajo de Pedro sin conocerlo realmente.

Para finalizar, recuerden esto:
«No hay hombre más atractivo para una mujer que aquel que defiende sus convicciones con valentía».